Nueva York fue, para Federico García Lorca, el descubrimiento de la vanguardia, el capitalismo y la vida moderna. El choque de su gran sensibilidad con los contrastes de la realidad neoyorquina desató su creatividad y fue el génesis de una obra incomparable, llena de admiración, dolor y surrealismo, que trascendió los límites estéticos de su época.
Escrito entre los años 1929 y 1930, Poeta en Nueva York se ha afirmado como uno de los clásicos indiscutibles de la literatura modernista y una de las más hondas meditaciones poéticas sobre la ciudad, la multitud y la soledad, cuya influencia sigue extendiéndose más allá de la lengua y del género.